Nuestros pueblos
encierran desde tiempos ancestrales una gran riqueza
etnográfica, que se refleja en los tipos constructivos,
de mampostería y pizarra.
Contamos con poblaciones en las que el tiempo parece
haberse detenido y en las que aún se saborea
la forma de vida de nuestros antecesores, como es
el caso de San Emiliano y San Martín del Valledor.
Un claro ejemplo es el pueblo de San Emiliano
en la cuenca del río Navia, una joya arquitectónica,
protegida por patrimonio. Un punto obligado para cualquier
visitante que guste de perderse por sus callejuelas
entre caserones centenarios y disfrutar de un vaso
de vino de la zona
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